Se acerca la temporada de uno de los festivales musicales con mayor visibilidad entre el público general, si no el mayor, a excepción de algún otro festival al estilo Viña del Mar (Chile), o San Remo en Italia (siendo hoy en día la vía hacia la selección al festival europeo). Podemos pensar que las propuestas que llegan a un festival de este tipo podrían llegar a ser ser más o menos equiparables al estilo que más se escucha en cada una de las épocas, o a lo más cool del momento musicalmente hablando (siempre en el terreno mainstream, por supuesto). Pero ojo, porque también nos puede dar otra visión, y es la de conocer de qué manera el rock, metal y géneros más alternativos pueden llegar a tener el suficiente impacto en un país como para llegar a representarlo en un certamen musical internacional (dejando el tema político y territorial a parte), y en qué medida una propuesta rock puede llegar a influir en la escena musical europea.
A lo largo de la historia del Festival de Eurovisión, el rock y el metal han mantenido una relación bastante compleja con el certamen: desde ser marginales durante décadas, hasta contar con una presencia cada vez más influyente. Vamos a verlo.
Inicios
En sus primeras décadas, Eurovisión estuvo dominada por baladas, la típica chanson y el pop ligero de la época. Sin embargo, ya en los años 50 y 60 aparecieron las primeras influencias del rock and roll, aunque siempre suavizadas y adaptadas al gusto europeo de aquellos tiempos. Desde temas de aires rockabilly, hasta los años 70, donde el pop-rock iba ganando terreno, especialmente con propuestas con una influencia muy Beatle. Las propuestas más extremas eran prácticamente inexistentes, por lo menos en los temas elegidos para el festival. En general podríamos decir que, en esta etapa, el rock se concebía más como una estética que como una identidad musical que pudiera ni siquiera aspirar a una buena posición en el festival.
Primeras incursiones y punto de inflexión
A partir de los años 90 y principios de los 2000, comenzaron a aparecer candidaturas más claramente afines al rock (paralelamente a lo que estaba ocurriendo en la escena musical general, que bebía mucho del movimiento grunge, y del nu-metal posteriormente). Algunas propuestas fueron las de los turcos Athena (For Real, 2004) con un ska-punk que tuvo gran aceptación, o la de los noruegos Wig Wam (In My Dreams, 2005) que presentaban un glam rock de lo más festivo y que además lograrían un notable 9º puesto. Estas propuestas demostraban que también había espacio para sonidos más alternativos, aunque siguieran siendo minoría.

El gran cambio llegó en 2006, con el inevitablemente icónico Hard Rock Hallelujah, de los finlandeses Lordi, y es que éstos se llevaron nada más y nada menos que el trofeo del festival, convirtiéndose en la primera banda de hard rock en hacerlo. Este triunfo fue histórico, porque rompía por primera vez el estereotipo de Eurovisión como festival exclusivamente pop, abriendo la puerta al género como propuesta potencialmente ganadora y no solo como la propuesta outsider del año (y en lo que a propuestas frikis respecta, me permitiréis hacer mención especial al tema No rules, de los también finlandeses Windows 95, que os invito a ver si es que aún no lo habéis hecho), además de inspirar a otros países a arriesgar mucho más musicalmente.
Expansión y diversidad
Tras la victoria anterior, el rock y el metal empezaron a aparecer con mayor frecuencia, aunque, eso sí, con resultados muy irregulares. Algunas propuestas de los late 2000s y la década del 2010 fueron las de Teräsbetoni (2008), con su power metal épico, Hanna Pakarinen (2007), con una propuesta de rock melódico (ambos de Finlandia… aquí ya vemos un claro patrón nórdico) o la de los islandeses Hatari con un tema mucho más electrónico/industrial, de nuevo desde tierras nórdicas.

En esta etapa vemos una mayor aparición de subgéneros (glam rock/metal, power metal, punk, metal industrial…), una creciente experimentación escénica -aunque con resultados muy dispares, desde top 10 hasta últimas posiciones- y una presencia de goteo de propuestas, algunas pasando sin pena ni gloria por el certamen. Aunque cada vez más presentes, estos estilos seguían siendo minoritarios frente a géneros como el pop o incluso el electrolatino, a la vez que lo hacían también en la industria musical del momento.
En la actualidad, podemos decir que la década de 2020 ha seguido consolidando el rock, de manera tímida pero uniforme, como una fuerza cada vez más relevante dentro del festival. Destacar en esta década la victoria de los italianos Måneskin con su Zitti e buoni, siendo quizás la propuesta rock más conocida e influyente de todo el festival. Otras propuestas recientes son las de los lituanos Katarsis, que presentaban en la edición pasada el tema Tavo Akys y que lograron un nada despreciable puesto 16, así como otras propuestas que, pese a su calidad e impacto visual se situaron en un inflavaloradísimo último puesto, como las de los noruegos Gåte (con Ulveham, en 2024), o los alemanes Lord of the Lost (con Blood & Glitter, en la edición de 2023). En este caso, y como segunda mención de honor del día, ésta va para la propuesta de los ucranianos Ziferblat con su Bird of pray, con un prog-rock de lo más exquisito, que tenía que estar presente sin duda en esta selección.

En resumen, con todo esto vemos propuestas que cuentan con una acogida cada vez mejor entre el público más joven y con una enorme viralidad en algunos casos, como ocuría con Måneskin, llegando a vender hasta 40 millones de discos hasta el año 2022 y acercando el género a generaciones cada vez más jóvenes. Y es que ante un festival que premia, en esencia, lo memorable y altamente escénico, este tipo de propuestas encajan sin ningún fallo en ambos requisitos. El recorrido del rock y el metal en Eurovisión refleja la evolución del propio género: de la marginalidad a la legitimación, de la rareza anecdótica al fenómeno ganador del festival.
¿Y qué nos espera en esta edición en lo que al metal respecta? Una de las propuestas más prometedoras de esta edición en el panorama metal eurovisivo de este año es la de los serbios Lavina, con el tema Kraj Mene, que representarán al país balcánico el próximo mes de mayo en Viena (Austria). Estaremos atentos al puesto que cosechan.
xCristinax


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