Lo de Radiohead: Entradas que «desaparecen» en minutos y supuesta reventa en plataformas: ¿En qué se está convirtiendo el acceso a la cultura?

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La reciente venta de entradas (a modo de Juegos del Hambre) para ver a Radiohead en su paso por Europa, ha vuelto a poner en evidencia un problema recurrente en la industria musical, tan frecuente como rancio: el de la reventa de entradas.

Apenas unos minutos después de que salieran a la venta las entradas en la única plataforma oficial para el evento, miles de personas que intentaban acceder a la venta se quedaron con las manos vacías, ya sea días antes cuando no recibieron el código aleatorio, o en la propia venta, con entradas ya agotadas o bien entradas en las que, al clicar, se redirigía al usuario a un triste “No ha sido posible completar la compra”. Pero sin duda, hay una pregunta que es muy complicada de responder teniendo en cuenta que, desde la promotora y la propia banda se anunciaba que las entradas estaban asociadas a un código único y que solo podían revenderse al mismo precio de compra a través de la plataforma oficial de reventa… entonces, ¿Cómo es posible que a los pocos minutos ya aparecieran en plataformas de reventa a precios multiplicados por tres, cuatro o incluso diez veces su valor original? Por supuesto, es posible que se tratase de entradas fraudulentas, pero es que también podían leerse algunos comentarios en la propia publicación de Instagram del post de la gira diciendo “¡Conseguí mi entrada para los shows de Radiohead y dispongo de dos entradas sobrantes para Madrid! Interesados mandar DM 😊”. Un detalle el de la amiga que publicaba esto, el comprar dos entradas de más, “por lo que pueda pasar”, (nótese la ironía).

Y es que, aunque el fenómeno no es nuevo, resulta cada vez más y más frustrante. Lo que debería ser una celebración —la posibilidad de ver a una de las bandas más influyentes de las últimas décadas— se transforma en un ejercicio de paciencia y, en muchos casos, de injusticia. Los verdaderos seguidores, aquellos que han acompañado a la banda durante años, terminan castigados por un sistema que parece favorecer más a especuladores que a amantes de la música. O a aquellos que, independientemente de ni siquiera conocer a la banda, se ven adelantados por los que, fruto del FOMO, deciden gastar 10 veces más porque pueden, y porque podrán publicar contenido altamente “likeable” en stories.

Lo cierto es que mientras no exista una regulación clara que ponga límites a estos abusos (en España se creó recientemente una normativa encargada de regular muy tímidamente el precio de reventa de espectáculos y cultura, en relación al incremento del IPC, de la cual seguimos esperando resultados – spoiler: no los habrá), seguirá siendo más fácil para un algoritmo acaparar entradas que para una persona real acceder a ellas.

Y pese a lo pesimista del post (soy consciente de lo fatalista que puede sonar el mensaje), esta reflexión pasa por intentar evitar un hecho más que probable: el que la cultura se convierta en un lujo reservado para quienes pueden pagar cifras desorbitadas, mientras la experiencia comunitaria de la música en directo seguirá erosionándose. Porque los conciertos deberían ser un encuentro entre artistas y público, no un campo de batalla contra especuladores digitales.

Mención obligatoria si hablamos de la venta de entradas para el show de Radiohead es la reciente venta para el esperado regreso de Oasis, que generó una avalancha de compras automáticas que dejó a la mayoría de los fans sin acceso a ninguna de las fechas. El patrón se repite una y otra vez, afectando tanto a artistas de larga trayectoria como a los emergentes que despiertan gran expectación. Y no, no vale el echar todo el beef a la promotora o a la plataforma de venta de entradas: los artistas deben mojarse al respecto. Ejemplo de artista que perfectamente podría ser objeto de beatificación en lo que a la lucha por la especulación respecta, es el frontman de The Cure, Robert Smith, quien obligó a la plataforma de venta a reembolsar a los compradores la diferencia del importe incrementado en concepto de “precios dinámicos en relación a la demanda”, mostrando que los artistas también tienen voz y voto, y pueden dar ejemplo de lo que debería ser el acceso a la cultura en tiempos de especulación y postureo.

Mensaje en la red social X de Robert Smith

La solución no es sencilla, pero sí necesaria. Algunas medidas podrían marcar la diferencia: limitar más aún el número de entradas por persona, exigir la personalización nominal de las entradas, implementar sistemas de reventa oficial REALES controlados por las propias promotoras… Países como Irlanda y Francia ya han avanzado en este terreno, demostrando que es un terreo arduo, pero no imposible.

La música en vivo debería ser un espacio de encuentro, no un privilegio reservado al mejor postor; y los conciertos, un lugar de experiencias compartidas entre artistas y su público. Esperemos que así sea por mucho tiempo.

 

xCristinax

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