Durante cuatro intensos días, del 14 al 17 de agosto, la localidad francesa de Carhaix se transformó en un epicentro sonoro con la que fue la 16ª edición del Motocultor, una cita que ha consolidado su carácter único dentro del universo europeo del metal. Enmarcado por paisajes rurales y una bruma casi mística, el evento reunió a miles de asistentes atraídos por un cartel que combinó brutalidad, experimentación y ritual colectivo.
El jueves inaugural tuvo un enfoque más introspectivo que explosivo, con propuestas como Mogwai, Tesseract o Me and That Man, marcando un inicio casi ceremonial. No fue un simple arranque: fue un llamado a lo espiritual, una apertura que evocó más a un aquelarre sonoro que a una jornada de festival convencional.


El viernes trajo un cambio de tono: oscuridad, teatralidad y una intensidad abrumadora. Desde la elegancia gótica de Lacuna Coil hasta la contundencia de Kerry King, pasando por el black metal sinfónico de Dimmu Borgir, el día mostró un amplio espectro de sonidos, rematando con experiencias inusuales como el synthwave metalizado de Carpenter Brut o las ya clásicas “batallas de cubos de basura” entre los asistentes.

El sábado fue el día de la diversidad más extrema: rock clásico, death melódico, sludge, post-metal y propuestas eclécticas como Extreme (con un Nuno Bettencourt que estuvo más quer exquisito), Envy o Cult of Luna (que consquistaron el corazón de una servidora). El clímax llegó con un show arrasador de Trivium, que ofreció uno de los conciertos más coreados y energéticos del festival, seguido de los rituales sonoros de bandas como Batushka, con un despliegue visual inolvidable.


El domingo cerró con una mezcla perfecta de épica y emoción. Pese a algunos contratiempos logísticos, bandas como Ensiferum (que se vieron obligados a actuar sin su vestuario e instrumentos después del extravío de la compañía aérea) o los ya clásicos Fear Factory mantuvieron el nivel, mientras Machine Head puso el broche de oro con un set cargado de clásicos, pero también nueva energía y una conexión visceral con el público. A la par, los no menos merceredores de ser co-protagonistas de la última jornada del cartel, los británicos Green Lung, aportaron matices más doom al cierre de esta travesía musical.


La organización del festival ya adelantó algunas bandas para la que será su próxima edición en 2026, como son Slaughter to Prevail, Soen o Godsmack, anticipando una nueva edición cargada de fuerza y a la espera de acoger muchas más bandas que acaben de dar forma al line up que está por venir.
Más allá del cartel, Motocultor se confirmó como un espacio de comunidad. Un lugar donde la música no solo suena, sino que une. Donde los moshpits son ritos y las tiendas de campaña, hogares efímeros de hermandad. Un festival que trasciende lo sonoro para tocar lo espiritual. Un refugio para quienes ven en el metal no solo un género, sino una forma de estar en el mundo, del que pudimos tomar parte por primera vez.
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xCristinax


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